15 de Septiembre, día de Nuestra Señora de los Dolores

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El 15 de septiembre conmemoramos los Siete Dolores de Nuestra Señora, fiesta litúrgica instaurada por el Papa Benedicto XIII para honrar los sufrimientos de la Santísima Virgen cuando participó tan íntimamente de nuestra redención junto a Jesús.

Hay dos fiestas de los Dolores de Maria. Una que fue instituida en Colonia durante el siglo XV, por un piadoso arzobispo, Tierri de Meurs, para reparar los ultrajes practicados por los herejes husitas contra las imágenes de la Santísima Virgen. Se celebró la semana del Viernes de la Pasión, la semana inmediatamente anterior a la Semana Santa.

La fiesta de los Siete Dolores de Nuestra Señora nació de la piedad cristiana, que se complace en asociar a la Virgen María con la pasión de su Hijo. Cuenta la antigua tradición que, en la terrible mañana del Viernes Santo, María, separada de su divino Hijo por el tumulto de la ciudad, lo había vuelto a encontrar en la ladera del Calvario, cubierta de sangre y polvo, coronado de espinas, y abrumado por el peso de la cruz, lúgubre instrumento de su tormento. Al verlo en tan terrible estado, el corazón de la Virgen se rompió, desmayándose y cayendo al suelo bajo el peso de un dolor inexpresable.

Este hecho de la vida de Nuestra Señora fue honrado con una fiesta, conocida por varios nombres como Nuestra Señora de la Piedad, Compasión de Nuestra Señora, etc.

Posteriormente, el Papa Benedicto XIII decretó que esta celebración debería incluirse en el catálogo de celebraciones litúrgicas, para todo el mundo católico, bajo el título de Fiesta de los Siete Dolores.

En el siglo XI, el dolor de la Santísima Virgen fue objeto de especial devoción. En el siglo XIV apareció el conmovedor Stabat Mater, que una tradición controvertida atribuye al beato Jacopone da Todi. En el siglo XV, como hemos visto, la fiesta de los dolores de María para reparar los ultrajes practicados por los precursores de los protestantes, los husitas, contra las imágenes de la Santísima Virgen. En el siglo XVII la fiesta fue celebrada con gran solemnidad por los Siervos – frailes de la Orden de los Siervos de María – y fue extendida por el Papa Pío VII en 1814 a toda la Iglesia, para recordar los sufrimientos que acababa de atravesar, primero exiliado y cautivo de Napoleón Bonaparte, posteriormente liberado gracias a la protección de la Virgen.

En 1912, San Pío X lo puso el 15 de septiembre, octavo de la Natividad.

La Iglesia, al tiempo que hace hincapié en los sufrimientos de María, también insiste en el amor valiente que la llevó a participar tan íntimamente en la obra de nuestra redención.

La Iglesia dice en esta fiesta citando el Stabat Mater:

Stabat Mater dolorosa
Iuxta crucem lacrimosa,
Dum pendebat filius.
Cuius animam gementem
Contristatam et dolentem
Pertransivit gladius.

De pie la Madre dolorosa
junto a la Cruz, llorosa,
mientras pendía el Hijo.
Cuya ánima gimiente,
contristada y doliente
atravesó la espada.

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