El auxilio de la fe en tiempos de pandemia

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El presente artículo fue escrito por un miembro de Acción Joven Colombia, participante de los programas de formación estudiantil y universitaria del Centro Cultural Cruzada.

“Ahora es preciso que deseches la pereza; que no se alcanza la fama reclinado en blanda pluma ni al abrigo de colchas; y el que consume su vida sin gloria, deja en pos de sí el mismo rastro que el humo en el aire o la espuma en el agua. Ea, pues, levántate; domina la fatiga con el alma, que vence todos los obstáculos mientras no se envilece con la pesadez del cuerpo.”

Dante Alighieri


 

Innegablemente el suceso de la pandemia ha cambiado al mundo. Para bien o para mal, nuestras visiones se han encontrado y generado un choque de mentalidades, hoy en día todo parece ser conspiraciones y miedos, las personas sienten pánico ante la idea de morir, por lo que la fe y el alivio que esta ofrece es ahora más necesario que nunca.


Nuestro mundo se encuentra en una innegable crisis espiritual,  las corrientes modernas abandonan todo tipo de explicación religiosa, dejando de lado la ayuda psicológica que esta ofrece. Un claro ejemplo de esto, es el vertiginoso crecimiento de las tazas de suicidio y depresión en la población juvenil reportados por la OMS y distintos medios informativos internacionales, llegando incluso al peligroso punto de normalizar y hasta romantizar esta práctica.

Somos una generación que puede acceder de forma sencilla a fuentes de información. Pero al parecer, el conocimiento aburre, por lo que las personas jóvenes tienden a crear una opinión subjetiva que luego no son capaces de sustentar, ya que su pensamiento no se ha desarrollado de forma adecuada. En un afán de encajar, el joven abandona toda “demora sana” en cuanto a su aprendizaje y se precipita a aceptar cualquier criterio.


En mi opinión, nuestra generación se ha tornado opaca en cuanto a la alegría de vivir y en cuanto a la forma de pensar. El joven actual debe permutar las ideologías que hoy lo permean y guiarlas hasta un punto objetivo donde pueda demostrar su indignación y descontento social con argumentos, con buenos aportes sociales que generen un cambio con base en la imparcialidad logrando una sociedad pacífica, siendo equitativa para todos. Pero todos sabemos que la realidad de hoy en día es otra, se llegó a un momento en el que la mayoría de las personas tienden a “pertenecer” a lobbies de lucha social, sin tener conocimiento por lo que se está luchando.

“La necesidad que siente la juventud […] es de una doctrina y de una directriz puramente espirituales que la eleven alejándola del día a día, de la aridez, de la concepción materialista de la vida.”
– Plinio Corrêa de Oliveira. Artículo: Cultura Católica, “O Legionário”, N.º 163, 20 de janeiro de 1935

Según Aristóteles, todo hombre por naturaleza desea saber, y esta sabiduría se logra con ideales sanos que fomenten su naturaleza creativa, los factores externos de la actualidad suelen vendernos la filosofía de forma pesimista y supuestamente “realista”, pero esto es falso, la contemplación de la vida en un entorno espiritual, suele ser optimista y este optimismo se refleja en nuestra forma de vivir y de tratar a las personas.


Muchas filosofías actuales suelen caer en lo banal, generando un desapego y un desprecio de la existencia, ridiculizando las doctrinas que buscan una “etapa plena de felicidad humana”, según Camus “cualquier hombre, a la vuelta de la esquina, puede experimentar la sensación del absurdo, porque todo es absurdo.”, esta generalización y desprecio de la vida demuestra un espíritu opaco y triste plasmando en sus palabras, y en un presente, plasmado en la juventud, ya que la admiración a estos autores parece ser más una veneración a su forma pesimista y sin sentido de ver la vida. Un ejemplo de esto es el conocido autor alemán Arthur Schopenhauer, aclamado por muchos a pesar de que su visión de la existencia es bastante deprimente.


Hoy en día, el concepto de intelectual ha sido transformado. Se le dice ridículo a un Teólogo, como si solo hablara cuentos de hadas, mientras que el Ateísmo, sin fundamentos, es aplaudido como una muestra de inteligencia. Los jóvenes al contemplar esto, y en una necesidad de diferenciar su vida y su alma, tienden a negar la tradición. Son rebeldes y obstinados en cuanto a los conceptos establecidos y generalmente enseñados por sus padres. Esta actitud en sí misma no representa maldad, podríamos considerarla como una etapa habitual en la formación en un joven. El problema es cuando la juventud es usada como una masa, en un periodo en el cual sus cambios corporales y mentales no le dejan medir sus acciones. Es por esta misma razón que pueden ser usados para llevar a cabo un ideal equivocado, ya que son manipulables.
Por tanto,  sostengo que la juventud debe ser educada bajo un concepto de espiritualidad sana, con base en fundamentos, ya que estos no solo suben el ánimo, sino que alegran la vida y el alma.

“Un poco de filosofía inclina la mente del hombre al ateísmo, pero profundizar en la filosofía la conduce a la religión”
-Francis Bacon

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