Entrevista a Mons. Athanasius Schneider: La imposición de la comunión en la mano es un “abuso de autoridad”

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Mons. Athanasius Schneider ha concedido una entrevista al Centro Cultural Cruzada al respecto de la comunión en la mano impuesta por muchas diócesis y parroquias en el mundo. Explica por qué representa un abuso de autoridad y una banalización de la presencia divina de Nuestro Señor en la Eucaristía.
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Luis Fernando Escobar (Entrevistador, Director del Centro Cultural Cruzada): El contagio del virus chino ha traído graves consecuencias sociales y religiosas para Colombia. Los colombianos fuimos sometidos a cinco meses de confinamiento en nuestras casas, el mayor o de los mayores confinamientos del mundo. Pero, lo más dramático fue el sufrimiento causado por la imposición del cierre de las Iglesias en todo el territorio patrio.

Este cierre nos alejó de Nuestro divino Redentor, presente en todos los sagrarios. Cerró la posibilidad de recibir los sacramentos y los consuelos espirituales. Los niños no se bautizaban y las bodas debieron ser postergadas. Los ancianos morían sin el consuelo de la extremaunción, siendo masivamente cremados bajo pretexto de la pandemia. En fin,  los sectores más piadosos debieron recurrir a la “Iglesia clandestina”. Mientras el conjunto de la población languideció en su vida espiritual y enfrió su piedad por causa de cinco meses de invierno espiritual.

El poder temporal había prevalecido al poder espiritual oprimiendo la libertad de la Iglesia.

Estamos en una especie de limbo: buenos párrocos se apresuraron a abrir las Iglesias y a dedicarse a la administración de los sacramentos. Otro sector, sin embargo, viene mostrando excesiva cautela y miedo por el contagio, abriendo poco, limitando el acceso a pequeños grupos y obligando la comunión en la mano.

Es de amplio conocimiento entre los miembros del Centro Cultural Cruzada y sectores conservadores de la Iglesia, que Monseñor Athanasius Schneider ha caracterizado su labor pastoral por una gran devoción y respeto a la comunión. Por eso mismo vemos muy apropiado poder consultar varias complejidades que resultan del actual contexto.

* * *

1°) ¿Qué pensar de recibir la comunión en la mano?

-Mons. Athanasius Schneider: En nuestro tiempo – y ya han pasado cincuenta años – existe una herida profunda en el Cuerpo Místico de Cristo. Esta herida profunda es la práctica moderna de la Comunión en la mano, práctica que se diferencia esencialmente de un rito análogo que existía en los primeros siglos. Esta práctica moderna es la herida más profunda en el Cuerpo Místico de Cristo debido a las siguientes cuatro deplorables manifestaciones:

1) Un minimalismo asombroso en los gestos de adoración y reverencia. Generalmente, en la práctica moderna de la Comunión en la mano se percibe casi una ausencia de todo y cualquier signo de adoración.

2) Es como si se tratara de comida común, es decir, el fiel toma con los propios dedos la Sagrada Hostia de la palma de la mano izquierda y la introduce en su boca. La práctica habitual de tal gesto provoca en no pocos fieles, y especialmente en niños y adolescentes, la percepción de que bajo la Sagrada Hostia no está presente la Persona Divina de Cristo, sino apenas un símbolo religioso,  ya que, exteriormente,  tratan la Sagrada Hostia de la misma manera que la comida común: tocándola con sus propios dedos e introduciéndola en la propia boca.

3) Se produce una pérdida numerosa de fragmentos de la Sagrada Hostia. Los pequeños fragmentos a menudo caen en el espacio existente entre el ministro y el comulgante debido a la falta de uso de la patena de Comunión. A menudo, los fragmentos de la Sagrada Hostia se adhieren a la palma y a ambos dedos de la persona que tocan la Comunión y que enseguida caen al suelo. Todos estos numerosos fragmentos suelen quedar en el suelo y ser pisoteados por la gente, pues nadie no se da cuenta de ellos.

4) Se produce también un robo cada vez mayor de las Sagradas Hostias, porque esta forma de recibirlas directamente en la propia mano facilita mucho el poderlas hurtar.

No hay nada en la Iglesia y en esta tierra, tan sagrado, tan Divino, tan vivo y tan personal como la Sagrada Comunión, porque es el mismo Señor Eucarístico. Y , sin embargo, esas cuatro cosas deplorables pueden suceder. La práctica moderna de la Comunión en la mano nunca existió antes en la concreta forma exterior que hoy vemos. Es incomprensible que muchas personas en la Iglesia no perciban esta herida; que consideren este asunto como secundario e incluso se pregunten por qué se habla del tema, llegando incluso a acusarnos de ser ideológicos. Y – lo que es aún más incomprensible – muchos en la Iglesia incluso defienden y difunden esta práctica de la Comunión.

2°) ¿Cuál debe ser la conducta de los colombianos católicos frente a la obligatoriedad de la Comunión en la mano que ciertas diócesis o parroquias imponen?

-Nadie puede obligarnos a recibir el cuerpo de Cristo de una manera en que se corre el riesgo de que se pierdan partículas y que la devoción disminuya, como es el caso de la Comunión en la mano. La Comunión en la mano no es más higiénica que la comunión en la boca. Muchos patógenos se transmiten a través de las manos. Muchas personas que vienen a la iglesia y reciben la comunión en la mano han tocado previamente las manijas de las puertas, las barandillas o las barras de apoyo en el transporte público o en otros edificios. Como resultado, los virus se ha asentado en la palma de la mano y en los dedos. Y durante la Santa Misa, esas manos y esos dedos a veces tocan la nariz o la boca. Así siendo, si tales manos y dedos tocan la hostia consagrada, también transfieren el virus a la hostia consagrada y lo transportan a través de la hostia a la boca. La comunión en la boca es claramente menos peligrosa y más higiénica que la comunión en la mano. Las palmas de las manos y los dedos seguramente contienen una multitud de virus sin un intenso lavado de las manos.

La prohibición de la comunión en la boca durante una pandemia es infundada en comparación a los principales riesgos para la salud que acarrea la Comunión en la mano.

La imposición de la Comunión en la mano como una forma supuestamente segura es también desde el punto de vista científico infundada. Los obispos que prohíben categóricamente la comunión en la boca, están declarado con este hecho que la comunión en la mano es la única forma segura y niegan de antemano la posibilidad de que la comunión en la boca pueda garantizar las mismas cautelas  higiénicas que la comunión en mano.

Es útil considerar el ejemplo de la Iglesia Ortodoxa en este contexto. En medio de la situación de emergencia sanitaria del Covid-19, el Patriarcado Ecuménico de la Iglesia ortodoxa da un ejemplo de fidelidad a la forma tradicional de distribuir la Sagrada Comunión en su rito, es decir, con una cucharilla. En un comunicado de prensa del 25 de junio de 2020 de la Secretaría General del Patriarcado Ecuménico se dice: “En cuanto a la forma de distribuir los Misterios inefables a los fieles, la Iglesia ortodoxa, respetando la Sagrada Tradición y como guardián y centinela vigilante de esas tradiciones transmitidas por los Santos Padres, encuentra que no es necesario cambiar esta modalidad tradicional, especialmente bajo la presión de factores externos”. La prohibición de la comunión en la boca durante una pandemia es infundada si se la compara con los principales riesgos para la salud que acarrea también la forma de la comunión en la mano.

Tal prohibición es un abuso de autoridad. Además, parece que algunas autoridades de la Iglesia están utilizando la situación epidémica como pretexto. Incluso a veces parece notarse una cierta alegría cínica con el difundirse del proceso de banalización y desacralización del santísimo cuerpo divino de Cristo en el sacramento de la Eucaristía, exponiendo el cuerpo del Señor a través de la comunión en la mano a reales peligros de deshonra (pérdida de fragmentos) y sacrilegios (el robo de la hostias).

La imposición de la comunión en la mano constituye una verdadera violación de la conciencia de los fieles, al mismo tiempo que paradojalmente algunos obispos sostienen que se debe dar la sagrada comunión a divorciados que se han vuelto a casar por respeto a la conciencia personal de ellos.  ¿Dónde queda entonces el derecho de conciencia de los fieles a recibir la comunión en la boca?  En estos casos, si su conciencia no les permite recibir el cuerpo más sagrado del Señor en la mano, los fieles deben dar un testimonio público y no recibir la comunión en la mano, sino hacer la comunión espiritual, que es espiritualmente también muy preciosa.

Otra solución posible es que los fieles puedan pedir a los sacerdotes que les den la comunión en la boca después de la Misa y en privado. Los fieles también pueden viajar a aquellos lugares donde puedan recibir la comunión en la boca, aunque esto puede no suceder muy a menudo, dependiendo de las circunstancias locales. Estos viajes podrán convertirse en verdaderas peregrinaciones a la Sagrada Comunión, que contarán con muchas bendiciones y gracias divinas. En su comportamiento exterior, los fieles deberían convertirse cada vez más en adoradores, amantes y defensores de la Eucaristía. Si en este momento la Iglesia no trabaja diligentemente para aumentar la fe y la reverencia del cuerpo de Cristo, entonces todas las medidas de seguridad humana serán en vano.

3°) Frente a la preocupante posibilidad de volver a cerrar las Iglesias, caso tal se constate un aumento del contagio, el clero teme ser criticado por ser causantes del rebrote. Sin embargo, las aglomeraciones públicas son muchísimo más peligrosas para el contagio: ¿Qué puede replicar un buen sacerdote frente a esta crítica?

-Si el estado permite reuniones públicas con un número limitado de participantes, por ejemplo, en los supermercados, restaurantes y otros edificios públicos y plazas, al menos las mismas normas también podrían aplicarse para las iglesias. Los obispos y los sacerdotes deben plantear objeciones legales contra la evidente discriminación del culto religioso, que va en contra de todas las normas de un estado constitucional democrático. La evidencia de que las personas se infectan en las asambleas litúrgicas es difícil de probar, ya que han podido visitar previamente otros lugares donde han podido infectarse. Como regla general, el edificio de una iglesia proporciona más seguridad si es desinfectado de manera regular y completa. La iglesia debería exigir al menos los mismos derechos que otras reuniones públicas.

4°) Puede el poder temporal oprimir al espiritual argumentando que el “derecho fundamental” de la salud prevalece a la libertad religiosa?

-La salvación de las almas, la salvación eterna de las almas, es el objetivo más importante para el que fueron creados los seres humanos. Solo Dios ha dado a la iglesia la competencia y la tarea de llevar a las personas a la vida eterna en el cielo a través de una enseñanza recta de la doctrina y una liturgia digna. El poder temporal tiene la competencia de cuidar del cuerpo humano y de la vida terrena.  El cuerpo está subordinado al alma, la vida terrena está subordinada a la vida eterna. El Estado no debe obstaculizar el logro de la vida eterna y del bien sobrenatural y espiritual de las almas. Si el Estado hace eso, la Iglesia debe protestar, como siempre lo ha hecho durante los últimos dos mil años.  Ni siquiera en nuestros días el Estado debe restringir el libre ejercicio del culto religioso con el pretexto de proteger la salud. En todo caso, el Estado no tiene competencia para dictar reglamentos sobre la liturgia. En este caso, el Estado estaría excediendo sus competencias e interfiriendo en un área en la que no es competente. Tal interferencia del Estado en normas de liturgia lo haría quedar en ridículo. Si la Iglesia garantiza medidas de seguridad sensatas, similar a las que toman otras instituciones seculares, una eventual restricción del culto religioso sería un signo claro de discriminación y persecución de la religión.

5°) Frente al temor que aumente más al número de fieles que abandonan la frecuencia a la Iglesia ¿Cómo replicar a los padres que abren la iglesia para un puñadito de fieles, dejando afuera el resto necesitando confesión, queriendo rezar al Santísimo o queriendo comulgar?

-Los obispos y sacerdotes deben imitar a Jesucristo el Buen Pastor e ir tras las almas para llevarlas a la salvación. El buen pastor debe dar su vida por las ovejas. Si un sacerdote es negligente al ofrecer el sacramento de la Confesión y la Eucaristía al pueblo, se convierte en un asalariado y deja de ser un buen pastor. El celo por la salvación eterna de las almas debe arder en el corazón de todo verdadero sacerdote. El sacerdote tiene que ser inventivo y creativo, para hacer todo lo posible por llevar los sacramentos a la gente. Esto es lo que han hecho los buenos sacerdotes incluso en tiempos de persecución, donde han enfrentado enormes incomodidades y peligros con tal de poder llevar los sacramentos al pueblo. Si hoy los sacerdotes, con el pretexto de la seguridad sanitaria, dificultan o incluso prohíben el acceso a la santa confesión, a la sagrada Comunión y a la adoración eucarística, entonces estos sacerdotes están traicionando su santa vocación, y esta vocación consiste en ser pastores de almas, no principalmente para cuidar el cuerpo, sino para el alma inmortal. Incluso en tiempos de epidemia, un verdadero sacerdote siempre encontrará formas de llevar los santos sacramentos a la mayor cantidad de personas posible. Si el sacerdote ora y le pide al Espíritu Santo que lo ilumine, recibirá la sabiduría necesaria, la habilidad práctica y los santos ángeles lo protegerán y guiarán.

6°) ¿Es de derecho divino que los fieles pidan los sacramentos y, en caso afirmativo, cual debe ser nuestra conducta para reclamarlos?

Nuestro Señor Jesucristo fundó la Iglesia y estableció el sacerdocio para dar a los fieles los medios de la gracia, principalmente los santos sacramentos, a fin de alimentar sus almas inmortales, protegerlos de los peligros espirituales, darles el perdón divino y mediar en la curación de los pecados, y así llevar las almas al cielo de manera segura. Si los obispos y sacerdotes privan a los fieles del alimento espiritual de los sacramentos o restringen este alimento, entonces se comportan como mercenarios y no como buenos pastores, no representando a la santa madre iglesia, sino comportándose con los fieles como una madrastra.

El Señor siempre recuerda a los sacerdotes cuanto ha dicho a los Apóstoles: “Dénles de comer vosotros mismos!” El Señor dijo estas palabras antes de la multiplicación milagrosa del pan y estas palabras tienen un significado espiritual y profético. Se refieren a la futura tarea de los apóstoles y de todos los sacerdotes de dar alimento espiritual a las almas hambrientas. Los sacramentos no son propiedad privada de los sacerdotes. Jesús dijo a los apóstoles: “Vosotros habéis recibido gratuitamente, dad también gratuitamente” (Mt. 10, 8). Cuando los obispos y sacerdotes dificultan o incluso prohíben la recepción de los sacramentos, entonces se comportan como el mayordomo infiel que un día será severamente juzgado por Dios, como leemos en el santo Evangelio: “¿Cuál es, entonces, el servidor fiel y previsor, a quien el Señor ha puesto al frente de su personal, para distribuir el alimento en el momento oportuno? Feliz aquel servidor a quien su señor, al llegar, encontrará ocupado en este trabajo. Pero si será un mal servidor que se dedicaba a golpear a sus compañeros, a comer y a beber con los borrachos. Su señor llegará en el día y en la hora menos pensada y lo castigará. Entonces él correrá la misma suerte que los hipócritas” (Mt 24, 45-51) Los fieles tienen el derecho – dado a ellos por Dios a través de la Iglesia – de recibir el alimento espiritual para sus almas y los sacerdotes deben hacer todo lo posible para administrar los sacramentos a los fieles, si así lo piden en una medida objetivamente razonable.

7°) “Obedezcan, no sean soberbios: acepten la comunión en la mano” Reclaman algunos sacerdotes. Hablan de obediencia al obispo y al Papa, a pesar que muchos ya han permitido la comunión en la boca. ¿Cuál debe ser la actitud y respuesta, conforme al respeto y acatamiento que se le debe a la autoridad eclesiástica?

La autoridad eclesiástica sólo puede exigir a los fieles una verdadera obediencia sobrenatural cuando ella misma es obediente a Dios y enseña la fe católica clara y en modo inequívoco; cuando la autoridad eclesiástica celebra los santos sacramentos con reverencia y dignidad. Pero si la autoridad eclesiástica hace prescripciones que obviamente disminuyen la reverencia y el carácter sublime y sagrado de los sacramentos, entonces los fieles no están obligados a obedecerlas en estas regulaciones específicas.

Dios no le dio al Papa, a los obispos y a los sacerdotes la autoridad para disminuir el carácter sagrado del culto divino y de la santidad para la administración de los sacramentos.

La comunión en la mano es una forma que contribuye objetiva, evidentemente y en medida probada a la desacralización de la santísima Eucaristía. Aquí no se puede obedecer a la autoridad eclesiástica, de lo contrario mediante la práctica de la comunión en la mano uno mismo contribuiría a la disminución de la santidad de la Eucaristía y a la pérdida de los fragmentos de la hostia consagrada.

Además, la relación entre la autoridad de la iglesia y los fieles no es como la de los jefes seculares con sus empleados, o del amo con sus esclavos, sino la relación de los padres con sus hijos. La obediencia de la Iglesia tampoco significa obediencia ciega, como en un cuartel militar, sino obediencia basada en la razón y la fe. Hubo momentos en la historia de la Iglesia, como durante la crisis arriana en el siglo IV, cuando los fieles no pudieron obedecer a la mayoría de los obispos de la época porque estos apoyaban la herejía del arrianismo. Hoy vivimos la enorme crisis de un arrianismo eucarístico, donde la verdad de la presencia real y de la presencia de la plenitud y de la gloria de la divinidad de Cristo en la pequeña hostia consagrada se debilita de hecho por la práctica de la Comunión en la mano y contribuye a la ambigüedad sobre la presencia de la verdadera divinidad de Cristo en la Eucaristía. Las siguientes palabras de San Pablo siguen siendo válidas para nuestro tiempo de arrianismo eucarístico: “Pero si nosotros mismos o un ángel del cielo les anuncia un evangelio distinto del que les hemos anunciado, ¡que sea expulsado” (Gal. 1, 8).

El primer ejemplo de una resistencia pública a un Papa, que estaba sembrando confusión y ambigüedad en la Iglesia, fue San Pablo, cuando en Antioquía resistió públicamente y amonestó a San Pedro, el primer Papa (cf. Gá. 2:14). Santo Tomás de Aquino enseña que, donde la fe está en peligro, es lícito, incluso apropiado, resistir públicamente una decisión de una autoridad eclesiástica, como lo hizo San Pablo a San Pedro. De hecho, dice san Tomás: “San Pablo, que estaba sujeto a San Pedro, lo reprendió públicamente por un riesgo inminente de escándalo en una cuestión de fe”. Y San Agustín comentó, “incluso San Pedro dio ejemplo para que aquellos que gobernaron en la Iglesia, que en ciertas ocasiones se pueden desviar del camino recto no rehúsen por impropia una corrección, aunque provenga de sus súbditos” (ad Gálatas 2, 14 ), son palabras de Santo Tomás (Summa theologiae, II-II, q. 33, a. 4, ad 2).

Si existe un peligro para la fe, los súbditos están obligados a reprender a sus superiores, incluso públicamente, lo que lleva a santo Tomás a decir: “Por tanto, debido al riesgo de escándalo en la fe, Pablo, que de hecho estaba sujeto a Pedro, lo reprendió públicamente“. (ibídem) Santa Hildegarda de Bingen, santa Brígida de Suecia y santa Catalina de Siena a veces han advertido muy claramente a la autoridad de la Iglesia cuando las ordenanzas o el modo de vida de los superiores de la Iglesia, incluido el Papa, han perjudicado la fe y el bien espiritual de la Iglesia y de las almas.

En tiempos de grandes crisis en la Iglesia, la gran fidelidad de algunos obispos (como, por ejemplo,  San Atanasio), de muchos sacerdotes y muchos fieles simples fue un apoyo para la Iglesia. Aunque estos obispos, sacerdotes y fieles no hayan obedecido algunas órdenes de la autoridad eclesiástica, órdenes que evidentemente perjudicaban la fe y la santidad de la Eucaristía, ellos han hecho, sin embargo, una gran contribución a la verdadera renovación de la Iglesia. Al negarse a participar en la ambigüedad de la doctrina de la fe e en la disminución del carácter sagrado de la santa misa y la santa Eucaristía, estos obispos, sacerdotes y fieles han mostrado no un sentido cismático sino un verdadero sentido eclesiástico, por el amor a la Iglesia, por el amor al Papa y a los obispos. Estos obispos, sacerdotes y fieles no lo hicieron con amargura y frustración, sino con profundo sufrimiento personal, con celosa oración por los superiores eclesiásticos y con oración de reparación por los grandes pecados de omisión da parte de los superiores eclesiásticos en el celo por la pureza de la doctrina y la Dignidad de la liturgia.

Durante la profunda crisis de la Iglesia en el siglo quince, donde el alto clero a menudo dio un mal ejemplo y fracasó gravemente en sus deberes pastorales, el cardenal Nicolás de Cusa (1401-1464) se sintió profundamente conmovido por un sueño en el que se le mostró la realidad espiritual del poder de la ofrenda, de la oración y del sacrificio vicarios. Vio en un sueño la siguiente escena: Más de mil monjas rezaban en una pequeña iglesia. Se pararon con los brazos abiertos, las palmas hacia arriba en un gesto de ofrenda. En manos de una monja delgada, joven, casi infantil, Nicolás vio al Papa.  El cardenal veía el peso de esta carga para ella, pero su rostro irradiaba un brillo de alegría.

Todos los pequeños de la Iglesia militante de nuestros días, que, como obispos, sacerdotes, religiosos, padres y madres de familia, jóvenes y niños, están marginados, humillados y castigados por el solo motivo de su fidelidad inquebrantable a la integridad de la fe y a la liturgia de la Santa Misa, contribuirán poderosamente a la verdadera renovación de la Iglesia.

Incluso si estos sacerdotes y fieles de nuestro tiempo no pudieran obedecer algunas disposiciones vergonzosas de la autoridad eclesiástica, como son las de colaborar para la desacralización de la Santísima Eucaristía a través de la práctica de la Comunión en la mano, en el futuro, cuando haya pasado esta enorme crisis, ellos serán agradecidos por Papas y Obispos. En verdad, «Antes eligió Dios la necedad del mundo para confundir a los sabios y eligió Dios la flaqueza del mundo para confundir a los fuertes; y eligió Dio lo plebeyo del mundo, el desecho, lo que no es nada, para anular lo que es, para que nadie pueda gloriarse ante Dios» (1 Cor 1,27-29).

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