Monseñor Schneider: El coronavirus está haciendo que surja una nueva Iglesia de las catacumbas

Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp
Share on email
Email
Share on print
Imprimir
«Podría ser que estuviéramos pasando por una época de catacumbas, con una especie de Iglesia clandestina. Pero no debemos tener miedo. Hay que tener valor, porque la Iglesia tiene mucha […] experiencia en ser una Iglesia catacumbal, una Iglesia clandestina. Y de las épocas de catacumbas Dios ha sacado muchos frutos espirituales para renovar su Iglesia».
monseñor-athanasius-schneider

Artículo tomado de Adelande la Fe y comentado por David Cardona

28 de abril de 2020 (LifeSiteNews).– En entrevista que concedió al Sr. John-Henry Westen, cofundador de LifeSiteNews, monseñor Athanasius Schneider, obispo de Kazajstán, puso en realce que la persecución de la Iglesia que están llevando a cabo en la mayoría de los gobiernos de todo el mundo durante la pandemia de Covid-19, está haciendo que surja una nueva Iglesia de las catacumbas, y que ello puede ser un medio del que se sirva Dios para purificar la Iglesia.

«Podría ser que estuviéramos pasando por una época de catacumbas, con una especie de Iglesia clandestina –dijo–. Pero no debemos tener miedo. Hay que tener valor, porque la Iglesia tiene mucha […] experiencia en ser una Iglesia catacumbal, una Iglesia clandestina. Y de las épocas de catacumbas Dios ha sacado muchos frutos espirituales para renovar su Iglesia».

Mons. Schneider señaló que las draconianas restricciones impuestas por la autoridades del Reino Unido y otros países demuestran que los gobiernos se están valiendo del coronavirus como un pretexto para perseguir implícitamente a la Iglesia Católica.

Ante la afirmación de S.E.R Mons. Schneider, sobre el manejo de “salud pública” en las naciones por él citadas, se pueden ponderar que en la historia, la revolución ha manejado el concepto de “Salud pública”, como una palabra talismán, y nos trae al recuerdo como fue empleada en el pasado para llevar a cabo los fines de la revolución francesa, donde el Jacobino Louis de SaintJust, de infeliz memoria, fue encomendado como encargado del Comité de “Salud (Salvación) pública”, para que así, más eficazmente, fueran guillotinados los contradictores del período del terror y de los designios de su camarada Maximilien Robespierre. ¿No pasa lo mismo en nuestros tiempos?, ¿No son mirados con desdén, hasta llegar a la represión aquellos obispos y sacerdotes que son detenidos en sus oficios religiosos y en especial, en la Santa Misa por razones de “Salud pública”?. Encuadra perfectamente la consideración de las palabras del Sabio, que dijo: “No hay nada nuevo bajo el sol” Eclesiastés 1,9.

Las normativas de confinamiento «se oponen a toda proporcionalidad razonable», destacó. Constituyen «una especie de discriminación y persecución de la Iglesia».
«Los obispos y las conferencias episcopales –prosigue Su Excelencia–, e incluso la Santa Sede, deberían insistir en que los gobiernos concedieran al menos algunos derechos a las iglesias, […] como se los da a los establecimientos donde se pueden comprar comestibles. […] Si los gobiernos niegan a los templos los mismos derechos que las tiendas, lo que hacen es discriminar contra la religión».

En el caso actual, donde el mismo Sumo Pontífice se encuentra en pie de guerra contra los obispos italianos, a causa de su apelo a reabrir las Iglesias, es imposible pensar en una política vaticana ajena al mundo y las disposiciones de la muy comunista OMS, que dan como diagnóstico social, que la recepción de los sacramentos son una fuente de propagación del COVID-19. Pensar en recibir la sagrada Comunión y en tener una confesión… ¡Jamás!, ya que se ha vuelto en una temeridad imperdonable contra el prójimo y, al fin y al cabo, pasan a ser los sustentos del alma -estamos hablando de los sacramentos-, “lujo” innecesario para una modernidad atea y ateizante.  

Schneider se pregunta si lo que estamos viviendo en este momento concreto de la historia es «una intervención [divina] destinada a purificar a la Iglesia mediante la persecución» en vista de la generalizadas que están las «herejías en la doctrina, la moral y la liturgia» de la Iglesia.

También se preguntó si no «sería conveniente una época de catacumbas para la Iglesia», ya que sería «una intervención muy eficaz de la Divina Providencia para despertarla».

Su Excelencia agregó que es necesario que los católicos recemos para que Dios ilumine al papa Francisco a fin de que celebre «junto con los cardenales actos de reparación por los atropellos cometidos contra Nuestro Señor en la Eucaristía», y por pecados como el aborto «que se cometen fuera de la Iglesia».

Concluyó diciendo: «Quien determina la hora de las catacumbas y las persecuciones no son los gobiernos, sino el Señor».

Pensar en el castigo divino como un acto de misericordia, -aunque de por sí, esta aseveración tiene muchos contradictores dentro de la esfera clerical- es muy congruente con la Sagrada Escritura y la tradición eclesiástica, ya que Dios Nuestro Señor ha permitido para la humanidad en el pasado grandes debacles, v.gr, pestes, catástrofes naturales, etc, para levantar la fe de un pueblo tibio. En las sagradas escrituras dice Dios al pueblo judío, por medio del Profeta Ezequiel: “Por eso te castigué y te entregué a la mano de los filisteos” Ez. 16, 27, y en la historia de los Santos, se cuenta que San Gregorio Magno, en la gran peste de Roma, al hacer penitencia con todo el pueblo Romano, este vio a San Miguel Arcángel en lo alto del Cielo envainando la espada del castigo por la penitencia.
En las grandes persecuciones se ha comprobado como hace al pueblo cristiano germinar con una fe nueva, tal como lo ratifica Mons. Schneider, en la entrevista realizada por John-Henry Westen, cofundador de LifeSiteNews. He aquí la respuesta ante los tiempos de turbulentas herejías que se ciernen sobre la Santa Iglesia, ante la prueba desoladora de la falta de sacramentos y el pulular de indiferencia de muchos pastores con olor a sangre de oveja; el pueblo cristiano fiel “levanta los ojos a los montes, ¿De dónde [le] vendrá el auxilio?” Sal. 121,1., apoyados en una confianza en Dios suplicamos el renacer de una católica sociedad con las máximas del Evangelio, pero para que esto sea posible, queda acompañar en esta pasión de la Santa Iglesia Católica a Nuestro Divino redentor que al igual que los apóstoles nos dice: “Velad y Orad para no caer en tentación.” Mt. 26,41.

Compartir Artículo

Share on facebook
Share on twitter
Share on email
Share on whatsapp
Share on print

Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *