No permitan que el comunismo farco-petrista manipule y oprima a los buenos indígenas del Cauca

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Para salvar a Colombia de la opresión comunista es necesario que las autoridades cumplan los mandatos consagrados en la Constitución Nacional. Qué, por un lado, se proteja y estimule generosamente a la inmensa mayoría de indígenas de bien. Y que, por el otro, se persiga y judicialice a los líderes indígenas, y no indígenas, responsables por el tráfico de armas, de narcóticos, por reclutamiento de menores, por crímenes sexuales, por homicidios, pero, sobre todo, por esclavizar a los pueblos indígenas que proclaman defender.

Urgente llamado a las autoridades para que protejan a pueblos nativos

 

1. Es imperativo desmontar la bomba epidemiológica que el farco-petrismo echó a rodar en el corazón de Colombia

No permitan que la jihad del odio (de clases) convierta a los indígenas marchantes en la peor amenaza epidemiológica de nuestra historia.

Si van a ejercer su derecho a una protesta pacífica, ¡que por favor no obliguen a los indígenas a movilizarse violando los universales y obligatorios protocolos de prevención contra la peste china! ¡Que no los obliguen a tirar al tacho de la basura los 6 meses de durísima cuarenta!

¡Por Dios! ¿Cómo es que mueven a los indígenas sin tapabocas, sin respeto al distanciamiento sanitario de 2 metros, amontonados en buses cual si fuese ganado y sin la certificación negativa de pruebas de laboratorio Covid19?

Hacemos responsables de los perjuicios sobre la salud pública de los indígenas, y de la población de los territorios que atraviesen, a los líderes indígenas invisibles, y visibles como el senador Feliciano Valencia, así como a su amigo entrañable, el oscuro senador Gustavo Petro. Hacemos responsables a los Gobernaciones y Alcaldías surcadas por esta marcha irresponsable y criminal. Hacemos responsable al Gobierno Nacional, a la Fiscalía y a la Procuraduría por el genocidio epidemiológico que tamaña irresponsabilidad puede provocar.

2. Es imperativo desmontar, parcelar, redistribuir la propiedad colectiva de los gigantescos latifundios indígenas, en favor de las familias indígenas.

Bajó el modelo indígena del buen vivir, o en palabras de ciertos líderes de la etnia Nasa, de la “vida sabrosa y armoniosa” que se opone a la lógica del extractivismo y el productivismo capitalista, en el departamento del Cauca se han consolidado los latifundios improductivos más grandes de país. Su modelo propugna por la ancestral explotación nómada de la tierra bajo un régimen colectivo que, prohíbe la distribución equitativa de esos inmensos latifundios entre las familias indígenas que, con insistencia y miedo, han venido reclamando.

“Luego, con 34,3 millones de hectáreas, es decir, 30,1% del total, está la tierra de los resguardos indígenas, las comunidades afrodescendientes y otras agrupaciones étnicas reconocidas por el Estado. Según las cifras del Dane, estas comunidades minoritarias agrupan a 2,5 millones de personas aproximadamente, lo que significaría unas 14 hectáreas por persona, casi siete veces más” [1] que el promedio nacional.

Como siempre sucede con los jefes comunistas, es indignante constatar el mundo de extravagancias, lujos y bebetas en que se mueven ciertos líderes indígenas que, en la practica ejercen un poder cuasi dictatorial sobre sus hermanos de etnia, como lo han venido denunciando otros valientes líderes indígenas.

3. Es imperativo cortar de tajo la sistemática invasión de tierras

Efectuada por escuadras entrenadas de manipulados indígenas que sirven a sus mentores simultáneamente como escudo y como carne de cañón.

4. Es imperativo desmantelar los cultivos ilícitos sembrados en aquellos latifundios

Es lamentable constatar, además que, en contra de la voluntad de las mayorías, los líderes indígenas han permitido, y en algunos casos promovido, el uso de esto suelos para cultivo y procesamiento de alucinógenos, principalmente marihuana, cocaína, morfina, heroína y hasta anfetaminas. Es cierto, con frecuencia obran coaccionados bajo el fusil de narcotraficantes que controlan ciertas zonas.

El baño de sangre que corre en aquellas tierras no cesará, y muy por el contrario se incrementará, mientras perdure la riqueza maldita que llega aparejada con esos venenosos cultivos.

5. Es imperativo liberar a los pueblos indígenas del yugo brutal de minorías farco-petristas.

Investigar, judicializar y extirpar a los adoctrinadores del odio y de la rebelión violentas, como los son:

– Algunos sacerdotes envenenados con la teología de la liberación, reiteradamente condenada por los Pontífices precedentes

– Ciertos maestros marxistas de Fecode.

– ELN, la FARC, los cárteles de drogas mexicanos, las Bacrims y algunos grupúsculos paramilitares.

6. Es imperativo restablecer, sin contemplaciones, el Estado de Derecho y la vigencia fulminante de la Justicia.

La irracional debilidad de los gobiernos, cómplices por omisión, ha permitido lo impensable: minorías de indígenas cocaleros, azuzados por líderes marxistas, han humillado, y expulsado, a la autoridad militar y policial legítima de sus zonas; con desafío se han fotografiado colocando machetes en la garganta de los soldados expulsados.

La consecuencia inmediata fue obvia: se incrementó el tráfico de armas y de narcóticos, se disparó el reclutamiento de menores y los homicidios. En pocas palabras, se consolidó esa farcorepública que oprime a millones de buenos indígenas.

Para salvar a Colombia de la opresión comunista es necesario que las autoridades cumplan los mandatos consagrados en la Constitución Nacional. Qué, por un lado, se proteja y estimule generosamente a la inmensa mayoría de indígenas de bien. Y que, por el otro, se persiga y judicialice a los líderes indígenas, y no indígenas, responsables por el tráfico de armas, de narcóticos, por reclutamiento de menores, por crímenes sexuales, por homicidios, pero, sobre todo, por esclavizar a los pueblos indígenas que proclaman defender.

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